28/07/2007 Fuente: Reasons To Believe

De qué forma los humanos difieren de los animales

Kenneth Samples

Para muchos, la distinción entre seres humanos y animales se ha desdibujado cada vez más. La exposición a la cosmovisión secular y naturalista -especialmente en la comunidad académica- puede dejarlo a uno pensando si las diferencias son simplemente una cuestión de grado. Según esta visión, la humanidad simplemente ha llegado a la cima de la pila evolucionista gracias a eventos fortuitos.

 

Sin embargo, los filósofos han identificado muchas formas en las que los seres humanos difieren dramáticamente de los animales. Hay rasgos humanos únicos que separan a los hombres de los animales en clase, y no sólo en grado. Desde la perspectiva de una cosmovisión cristiana, y específicamente a la luz del imago Dei (ver apartado), uno esperaría diferencias profundas, incluyendo las que siguen.1

 

Espiritualidad inherente

 

Los seres humanos tienen una naturaleza espiritual y religiosa inherente. La vasta mayoría de las personas de la Tierra buscan alguna forma de verdad espiritual o religiosa. La mayoría de los seres humanos tienen creencias religiosas arraigadas y participan en rituales religiosos intrincados. La búsqueda de Dios o de lo trascendente es una característica que define a la humanidad y se evidencia en prácticas comunes como la oración y la adoración, al punto que hay quienes han designado a los humanos como homo religiosus, u "hombre religioso". En contraste, el ateísmo formal es en gran parte inconsistente con la historia general de la naturaleza y práctica humanas. Aun los no creyentes profesantes (ateos, escépticos) buscan preguntas con relación al significado y propósitos últimos de la vida y están atraídos a lo que ellos consideran como de importancia y valor últimos. El filósofo Harold H. Titus ha dicho que aun los agnósticos y ateos "tienden a reemplazar a un dios personal por un dios impersonal: el estado, la raza, algún proceso de la naturaleza o la devoción a la búsqueda de la verdad o algún otro ideal".2

 

Entre todas las criaturas de la Tierra, el hombre es conciente en forma única de su muerte inminente. Este reconocimiento le provoca angustia personal, la contemplación de Dios y lo lleva a considerar la posibilidad de la inmortalidad. El antiguo filósofo griego Sócrates (c. 470-399 a.C.) dijo: "La vida no examinada no vale la pena ser vivida". Queda sólo al hombre contemplar lo que los filósofos llaman "las grandes preguntas de la vida". Los animales, por otra parte, pueden ser muy inteligentes, pero no muestran señal alguna de espiritualidad o preocupación por los temas últimos.

 

Comunicación sofisticada

 

Los seres humanos poseen capacidades intelectuales, culturales y comunicativas únicas. Los humanos son pensadores, capaces de forma única del razonamiento abstracto, y capaces de aplicar el principio lógico fundamental de la no contradicción (A no puede ser igual a A e igual a no A). Sólo las mentes humanas desarrollan proposiciones, formulan argumentos, sacan inferencias, reconocen principios universales y valoran la validez lógica, la coherencia y la verdad. Sólo los seres humanos se preguntan por qué el universo físico se corresponde con teoremas matemáticos abstractos.

 

Los humanos comunican su aprehensión de la verdad usando símbolos complejos (lenguaje). Este lenguaje es complejo y flexible (verbal o escrito). El lenguaje sirve para interconectar a la humanidad y establece la cultura humana y las instituciones societales. Los humanos tienen una profunda necesidad de comunicarse entre sí, y lo logran a través de un sofisticado proceso intelectual. En contraste, los animales también se comunican (y poseen muchas otras capacidades asombrosas), pero no trabajan con abstracciones ni formulan preguntas filosóficas.

 

Conciencia del tiempo y de la verdad

 

Los seres humanos son conscientes del tiempo, la realidad y la verdad. Estudian el pasado, reconocen el presente y anticipan el futuro. Las personas viven toda su vida conscientes de las restricciones del tiempo. Pero los seres humanos también desean trascender el tiempo; piensan en vivir para siempre. Las personas reflexivas se preguntan si su percepción de la realidad coincide con la realidad misma. Los seres humanos buscan de forma única la verdad, llevando a la fundación y el desarrollo de la filosofía, la ciencia, la matemática, la lógica, las artes y las cosmovisiones religiosas. Lo que es real (metafísica), lo que es verdadero (epistemología) y lo que es racional (lógica) son cuestiones supremas pero, nuevamente, sólo para el hombre.

 

Si bien los animales pueden tener un agudo sentido intuitivo del tiempo concreto, aun superior al del hombre (ej: algunos animales están más sintonizados con los cambios de estación), carecen de toda capacidad de abstracciones acerca del tiempo. Asimismo, los animales parecen estar conscientes de la realidad concreta, pero no indagan en cuestiones metafísicas, epistemológicas y lógicas.

 

Estas diferencias entre seres humanos y animales (que seguiremos tratando en el próximo número de Connections) pueden parecer obvias, pero hay personas que no se identifican con una cosmovisión cristiana que siguen cuestionando una visión bíblica de la creación. Hay mucho en juego. La disputa en curso sobre el estado del feto humano y el debate sobre la investigación de células madre embrionarias representan sólo dos ejemplos de grandes divisorias en las cosmovisiones. Un razonamiento correcto puede ayudar a aportar claridad a temas tan significativos.

 

¿Qué es el imago Dei?

Se han escrito libros enteros sobre el tema pero, brevemente, la teología cristiana histórica ha afirmado que la humanidad fue hecha en la imago Dei (latín para 'imagen de Dios') según Génesis 1:26, 27. Como corona de la creación de Dios, la humanidad exhibe de forma única la imagen de Dios por sus capacidades racionales, su volición moral, sus distintivos relacionales, sus cualidades espirituales y su dominio de la naturaleza. Los humanos reflejan el esplendor de su Hacedor, pero en una expresión finita. Como portadores de la imagen, los humanos poseen dignidad inherente y valía moral, y deben ser tratados con respeto, independientemente de la raza, el sexo, la clase o las creencias. La caída del hombre en el pecado empañó severamente esta imagen.

Referencias

  1. Para conocer más sobre el tema, ver Harold H. Titus, Marilyn S. Smith, and Richard T. Nolan, Living Issues in Philosophy, 9th ed. (Belmont, CA: Wadsworth, 1995), 28-29.
  2. Titus, Smith, and Nolan, 29.
  3. Este artículo ha sido adaptado del próximo libro de Kenneth Samples sobre cosmovisiones, con fecha de publicación en 2007.

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: How Humans Differ from Animals, Connections 2006, Quarter 1 



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