28/07/2007 Fuente: Boletín Salesiano

En el principio... ˇla vida!

Juan Francisco Tomás

Cuando me pidieron escribir mensualmente sobre los diversos dilemas que se plantean hoy en torno a la vida humana, acepté con gusto. Sabía del compromiso que asumía y el tiempo y esfuerzo que ello implicaría. Como salesianos nos debemos a los jóvenes en la Iglesia y en la sociedad. También desde este ángulo miro la Teología Moral y la Bioética: un espacio de estudio y reflexión para acompañar a nuestros jóvenes en la tarea de hacerse hombres -varones y mujeres- felices. En este camino, por supuesto, está la familia; sin este núcleo esencial que acompaña todo proceso de crecimiento humano sería inútil ponernos a matear y charlar sobre la vida…

 

Creo en el Dios de la vida: Él es Vida. Desde esta fe, soy un apasionado por la vida humana. Es esta vida, la mía, la tuya, la nuestra… reflejo de la Vida Trinitaria del Dios de Jesucristo: "Al principio ya existía la Palabra… En ella había vida, y la vida era la luz de los hombres" (Jn. 1,1.4) Desde los inicios del Génesis vemos cómo el Dios del Antiguo Testamento opta por la vida humana; los relatos de la Creación simbolizan esta opción de Dios que, luego de crear la maravillosa casa universal para su hechura predilecta, concluye creando un ser a su imagen y semejanza: disfruta contemplando su obra creadora y, al mirar al hombre -varón y mujer- "vio todo lo que había hecho: ¡y era muy bueno!" (Gn. 1, 31).

 

El hombre -varón y mujer- cada uno y la pareja humana unida en el amor, es imagen y semejanza del Dios Creador. Somos semejanza de Dios desde nuestra espiritualidad encarnada: nuestra capacidad de amar, nuestra voluntad, nuestra inteligencia, nuestras facultades psicológicas y espirituales... Lo que nos hace su imagen es precisamente nuestro propio cuerpo: en él quiere reflejarse el Creador como en un espejo. Y fue tal la capacidad de maravillarse de Dios ante su obra máxima que puso todo en sus manos: la creación entera y el poder de dominarla y someterla… Y aún cuando el hombre -varón y mujer- optó por dar la espalda a su Creador -en esto consiste el pecado- Dios no lo dejó a merced de un destino incierto, sino que "nos ha demostrado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único para que vivamos gracias a Él" (1 Jn 2, 9)

 

Nosotros, vos y yo, continuamos maravillándonos ante el poder de la inteligencia del que dotó Dios a su creatura humana. Como Dios en aquel sexto día del Génesis, podemos contemplar al hombre colaborando en la creación y experimentar la bondad natural de las cosas y lo maravilloso que significa ser persona. Neuronas y espíritu encarnado unidas en una humanidad fuertemente marcada por el avance científico y tecnológico. Con todo lo que de positivo conlleva la ciencia, también es cierto que los continuos y acelerados cambios en los más diversos campos del saber científico, especialmente en aquellos que hacen a la vida humana y su contexto, producen una suerte de crisis personal y social que nos llevan a cuestionarnos profundos dilemas éticos: ¿qué está bien y qué no?, ¿qué es lo que marca la bondad o la maldad de una acción o decisión?, ¿hasta donde le es lícito a la ciencia continuar avanzando?, ¿qué implicancias tiene la fe en cuestiones científicas, económicas, políticas y sociales?, ¿cómo distinguir en todo ello lo científico y lo espiritual de lo cientificista y lo espiritualista?

 

Hace poco se estrenó en la pantalla grande el film cinematográfico español "Mar adentro". Alejandro Amenábar recrea una historia real: Ramón lleva más de treinta años postrado en cama; desde su habitación, entre recuerdos e historias de amor, lucha por lograr que la justicia autorice le practiquen la eutanasia; el único sentido de su vivir se traduce en abrazar la "muerte dulce". Una película marcada por encuentros y desencuentros, diálogos y monólogos inteligentes o absurdos, sentimientos nobles y confusos amenizados con situaciones de comicidad como para descontracturar la tensión interior de la temática, la imagen de una Iglesia presentada como deteriorada, antojadiza y volada… Vale un buen debate. Pero me detengo en una escena, la del juicio: el abogado de Ramón solicita la autorización de la eutanasia: "ruego a Uds., señores de la Corte, decidan con racionalidad y humanidad, lejos de toda metafísica o religión". Y me pregunto: ¿es que lo racional y lo humano han de contraponerse necesariamente con lo metafísico y lo espiritual?

 

Me parece que la frase es espejo de lo que hoy sucede en la sociedad, sobre todo en aquellas cuestiones que tocan a las fibras más íntimas de la vida humana. El nacer, el vivir y el morir con dignidad centra la mayoría de los debates al interno de las esferas políticas, de los círculos sociales y/o religiosos, los mass-media y la calle común. Clonación, aborto, VIH SIDA, drogadicción, eutanasia, encarnizamiento terapéutico, salud, enfermedad, ecología, educación sexual…

 

Muchos hablan de todo como si todos supieran de todo. Voces que acusan de espiritualismo cerrado… Ecos espiritualistas que impiden discutir científicamente… Sentimentalismos con buena intención pero sin conciencia bien formada ni razón cierta, lo que impide obrar objetivamente… Surgen respuestas desde las más diversas posturas: sentimientos, razón, ciencia, religión, espiritualismo, política, incluso desde intereses económicos o de poderes internacionales… Y en el fondo se trata de temas tan humanos que, precisamente por ser humanos, son también divinos al entroncarse con el Creador. Mientras tanto, el hombre común continúa luchando por vivir con dignidad…

 

Este espacio pretende ser simplemente esto: un espacio -entre mate y mate, signo argentino de amistad y vida- para ayudarnos a reflexionar sobre estas cuestiones que hacen a la vida del ser humano, a su felicidad, a su escala de valores, su proyecto de vida y su opción fundamental. Paso a paso, entre mate y mate, iremos rumiando en estos aspectos desde el Dios de la Vida.

 

Hasta el próximo mate.

 

P. Lic. Juan Francisco Tomás sdb



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