28/07/2007 Fuente: Razones para Creer

El Código Da Vinci a la luz de la formación del Canon Bíblico

Brian Williams

Al leer este libro, vienen varias preguntas a nuestra mente con respecto a cómo se formó el Nuevo Testamento. Entre ellas: ¿Cuál fue el proceso a través del cual se elaboró el Nuevo Testamento (NT)? ¿Por qué se han incluido los presentes 27 libros y no otros? ¿Son auténticos los libros del NT? ¿Hubo otros evangelios y escritos cristianos en aquella época? ¿Dónde están hoy? ¿Qué papel tuvo el emperador Constantino y el Concilio de Nicea en todo esto? ¿Es la fe cristiana un invento de Constantino?

 

La presente exposición tiene por objeto responder a estos interrogantes. Para ello seguiremos la historia de cómo transcurrieron los hechos en cuanto a la formación del NT (llamado Canon bíblico).

 

ETAPA I - Apostólica: 0 a 70 d.C.

 

Jesús murió aproximadamente en el año 28 d.C. Él mismo no dejó ningún escrito. Todo lo que tenemos se lo debemos a testigos presenciales de los hechos o a quienes Cristo se los dio a conocer.

 

A la muerte de Jesús en manos del imperio Romano, con anuencia de las autoridades judías, sus discípulos huyeron asustados. No obstante, el testimonio de la tumba vacía y su resurrección venció sus miedos y los impulsó a dar a conocer el mensaje cristiano luego de Pentecostés. En primer lugar en Jerusalén, luego en Judea, en Samaria y finalmente en el mundo. Las vías de comunicación del Imperio Romano facilitaron el desplazamiento de los cristianos. Paulatinamente se fueron estableciendo comunidades cristianas en los más diversos lugares. Se nombraron ancianos para velar por estas nacientes iglesias. A lo largo de estos primeros años, el testimonio de las palabras, los milagros, la muerte y la resurrección de Jesús se transmite solamente de manera oral. El Antiguo Testamento era la única Escritura que esos cristianos tenían, y en ella leían acerca de las profecías del Mesías.

 

La distancia impulsó el surgimiento de las epístolas como vínculo entre los apóstoles y las comunidades cristianas dispersas por el imperio. En este sentido, las cartas son los escritos cristianos más antiguos. Hoy en día tenemos muchas de estas epístolas, aunque no todas. Pablo dirigió siete cartas a los cristianos de Corinto, pero únicamente tenemos dos, donde aparecen fusionadas varias cartas. La carta de Pablo a los Tesalonicenses parece ser la más antigua, escrita alrededor del año 49 d.C.

 

Dan Brown, el autor de El Código Da Vinci, está en lo cierto al decir que se cree que alguien recopiló los dichos de Jesús en un solo escrito, llamado "Q" (del alemán Quelle, es decir "fuente"). Pero este escrito se ha perdido.

 

Los Evangelios surgen después de las primeras cartas y son la obra de apóstoles o de sus compañeros. Es así que tenemos los siguientes Evangelios:

 

  • San Marcos, escrito alrededor del año 65 y dirigido a los cristianos de Roma. Marcos fue discípulo de Pedro.
  • San Mateo, escrito alrededor del año 70 y dirigido a los cristianos de Palestina y Siria. Mateo fue uno de los doce apóstoles.
  • San Lucas, escrito alrededor del año 70 y dirigido a los cristianos de Italia y Acaya. Lucas fue discípulo de Pablo.
  • San Juan, escrito alrededor del año 90 y dirigido a los cristianos de Asia menor. Juan fue uno de los doce apóstoles.

 

Es probable que Mateo y Lucas, al escribir sus Evangelios, tuviesen consigo una copia del de Marcos y el citado documento "Q".

 

El propósito de los autores de los cuatro Evangelios no fue tanto narrar toda la vida de Jesús sino más bien resaltar quién era Él. Podemos decir que los Evangelios ponen todo su énfasis en la última semana de vida de Jesús, anteponiéndole algunos datos anecdóticos de su vida pública y muy poco de su nacimiento e infancia (sólo Mateo y Lucas).

 

Hasta el año 100 d.C., tanto las cartas como los Evangelios y el libro de los Hechos no estaban considerados a la altura de los escritos del Antiguo Testamento, aunque se leían en el culto público y se hacían copias para otras comunidades cristianas ¡Qué útil habría sido para ellos contar con una fotocopiadora! Todo debía hacerse pacientemente a mano. Como vemos, los escritos no cayeron del cielo ni llegaron por fax (como bien dice Dan Brown), sino que fue el resultado de una necesidad práctica. Las comunidades cristianas encontraron tanta iluminación con los escritos que hacían copias para reenviárselas a otras comunidades. Si San Pablo le escribía a los de Colosas, estos transcribían la carta y la mandaban a los de Laodicea. Tal como nosotros hacemos al recibir un e-mail que nos gusta; no dudamos en usar la función "reenviar" o "forward" para reenviárselo a otra persona.

 

ETAPA II - Precanónica: 70 a 150 d.C.

 

A medida que pasaban los años la cantidad de escritos cristianos fue creciendo considerablemente y cabe la pregunta ¿Por qué unos obtuvieron mayor difusión y aceptación que otros? La iglesia comenzó a fijar criterios dados por el sentido común a la hora de recibir los escritos. Para ello, se guiaron por tres factores, a saber:

 

  • Su autor. El escrito debía proceder de un apóstol o discípulo directo de Jesús. A veces existían documentos "pseudoepigráficos", es decir escritos por un cristiano común y corriente pero que firmaba como apóstol. Esto también pasa hoy con el e-mail. Alguien redacta algo y lo firma diciendo que lo escribió la Madre Teresa, Einstein o Vargas Llosa. No sería lo mismo que firmase Pepito Flores. Así que también en aquella época existían cartas y Evangelios falsos (o "truchos", como decimos popularmente en Argentina).
  • Su antigüedad. No se aceptaban escritos posteriores al año 100 d.C., pues cuanto más cerca en el tiempo de la fuente original, se consideraban más fieles.
  • Su universalidad. Se recibían los documentos que ya circulaban en la mayoría de las iglesias, pues era una forma de aceptar lo que ya era uso y costumbre para otros. Esto se basa en que uno solo puede equivocarse, pero el error se reduce cuando todos están de acuerdo.

 

Como vemos, son criterios lógicos que emanan del sentido común. Existían otros escritos cristianos hacia el año 150 como, por ejemplo, Pastor de Hermas, la Didajé, Los Hechos de Pablo, Hechos de Pilato y la Reivindicación del Salvador (de este último procede la leyenda de Santa Verónica, en la que ella le limpia la cara a Jesús). Dan Brown habla de los Evangelios gnósticos en su libro. Sin embargo estos son muy posteriores al año 100 d.C. y no cumplen con ninguno de los tres criterios antes expuestos.

 

Hacia el año 150 d.C. no existía un canon cerrado, aunque sí encontramos escritos que cuentan con mayor aceptación y uso en las distintas iglesias cristianas que otros.

 

ETAPA III - Canónica: 150 a 200 d.C.

 

En la segunda mitad del siglo II, la iglesia se vio desafiada por el surgimiento del gnosticismo. No corresponde a este trabajo entrar en detalle en cuanto a esa corriente. Lo que sí nos interesa es notar que existían distintos grupos gnósticos. Uno de los más influyentes fue el encabezado por Marción, hacia el año 150 d.C. A diferencia del común de las iglesias, los gnósticos reivindicaban ciertos libros cristianos y anatematizaban otros. No todos los grupos gnósticos aceptaban los mismos libros. En el caso de Marción, él rechazaba de plano el Antiguo Testamento y solo aceptaba, aunque en parte, el Evangelio según San Lucas y las cartas de Pablo. En este sentido, Marción hizo el primer canon, pero dejó afuera muchos documentos ampliamente aceptados por las iglesias. Ante esta circunstancia, las comunidades se vieron obligadas a tomar una postura. Así comienza a surgir el primer canon cristiano del Nuevo Testamento. Esto no ocurre de un día para el otro sino que se encuadra dentro de un proceso lento. Las comunidades respaldan la autoridad que tenían el resto de los Evangelios (Mateo, Marcos y Juan) y las demás cartas escritas por Pedro, Juan y las que tenían la aceptación de los padres de la iglesia (que vivieron entre los años 30 y 100 d.C.).

 

Tertuliano (155-220) fue el primero en hablar de un Antiguo Testamento (AT) y un Nuevo Testamento (NT), y hacia fines del siglo II la iglesia había aceptado plenamente los libros del AT y los del NT, excepto Apocalipsis y la Carta a los Hebreos. Esta última estaba en duda porque tiene un estilo diferente al de las otras cartas de Pablo. En el caso del Apocalipsis, se trataba de un género literario distinto al resto del Nuevo Testamento. De todas maneras debemos remarcar que todo esto fue ocurriendo de manera progresiva, y aún en esta época existían comunidades que aceptaban otros escritos y que no utilizaban alguno que sí era del uso corriente en el resto de las iglesias.

 

Avanzando en el tiempo, llegamos a la época de Diocleciano, cuando se desató una feroz persecución. Comenzó a fines del siglo III y se extendió hasta el Edicto de Tolerancia Religiosa (311 d.C.), ratificado por el Edicto de Milán (313 d.C.). Durante este período no solo fueron quemados los cristianos sino también sus escritos y libros. Erróneamente, Dan Brown dice que Constantino ordenó quemar los libros que reflejaban la humanidad de Cristo para poner en su lugar los que resaltan su divinidad 1. La historia deja en claro que no fue éste sino Diocleciano -Constantino reinaría recién unos años después- que en el año 303 comenzó a destruir iglesias y libros sagrados, a pesar de que su esposa Prisca y su hija Valeria eran cristianas. Este evento fortuito aceleró la fijación del canon del Nuevo Testamento. Las comunidades cristianas perseguidas se vieron forzadas a decidir qué libros debían salvar y preservar a toda costa. Esto se hizo haciendo nuevas copias de los libros más preciados y ocultándolas. A diferencia de lo que expresa Dan Brown, no se perdieron todos los libros que no están en el NT, pero sí quedó de manifiesto cuáles eran los libros a los que los cristianos les daban mayor importancia. Es como si nuestra casa se estuviese incendiando y tuviésemos que decidir en minutos qué cosas queremos salvar de las llamas; con seguridad elegiremos lo que nos sea más significativo.

 

No nos extenderemos en los pormenores históricos del gobierno de Constantino. Alcanza con decir que luego del año 313 prácticamente cesa toda persecución a los cristianos. Unifica el imperio que se extendía desde Gran Bretaña hasta el norte de África, incluyendo Galia, Palestina y Grecia. Constantino se inclina por el cristianismo pues estaba convencido que el Dios de los cristianos era poderoso y le daría la victoria si él protegía a sus súbditos. Sin atacar al viejo paganismo, fue favoreciendo cada vez más a la fe cristiana. Le encargó a Eusebio la confección de 50 códices de las Escrituras. Aunque no sabemos qué libros contenían estos códices, pues se han perdido, es casi seguro que estaban incluidos los libros sagrados que la mayoría de las comunidades cristianas aceptaban en ese momento. A diferencia de lo que Dan Brown sostiene, no fue el Emperador Constantino el que digitó que libros debían formar parte del canon. En primer lugar porque estos asuntos no eran de su competencia, y en segundo lugar porque resulta imposible que los cristianos que unos años atrás estaban dispuestos a dar su vida por Cristo alegremente permitiesen que les impusiesen otros libros sagrados. El Concilio de Nicea, mencionado en El Código Da Vinci, no trató el tema del Canon del NT.

 

El proceso de la fijación del canon bíblico sigue su rumbo y en el año 367, 30 años después de la muerte de Constantino, aún estaba un tanto abierto, aunque ya bastante definido. En este año encontramos los 27 libros que integrarán nuestro actual Nuevo Testamento. Los sínodos del 382 y 397 ratificarán esta posición. No obstante, será en el Concilio de Trento (1546) que la Iglesia Católica Apostólica Romana determinará que el canon del Nuevo Testamento está fijado y cerrado. La Iglesia Ortodoxa Griega hará lo mismo en el Sínodo de Jerusalén del año 1672.

 

Digamos de paso que los originales de los escritos de la Biblia se han perdido. No obstante, se tienen copias tan antiguas como del año 120 d.C. Esta no es razón para poner en duda la autenticidad ya que, por ejemplo, no se tienen copias tan antiguas de los escritos de Aristóteles de quién nadie duda su legitimidad.

 

Como hemos visto, la fijación del canon bíblico fue un proceso gradual y racional y no el producto de un emperador deseoso de convertir su imperio al cristianismo o de una iglesia ávida de dominación. Aunque existen otros escritos y evangelios no incluidos en la Biblia, estos son muy posteriores a los que están allí y por lo tanto no entran dentro de las 3 reglas de inclusión (página 2). De todas maneras, es conveniente aclarar que no es verdad que los rollos del Mar Muerto sean escritos cristianos no incluidos en el NT como dice Dan Brown 2. Por la fe en el Dios del que la Biblia habla muchos hombres, mujeres y niños dieron su vida y no estuvieron dispuestos a negar sus creencias. La sangre de estos mártires nos proclama que las Sagradas Escrituras son poderosas y únicas.

 

Brian Williams es pastor de la Iglesia Anglicana de San Miguel y Todos los Ángeles en Martínez, Buenos Aires

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Brown, Dan. El Código Da Vinci, Barcelona, Ediciones Urano, 2003.
  • González, Justo L Historia del Cristianismo. Miami, EEUU; Ed. Unilit, 1994
  • Baxter, Margaret The Formation of the Christian Scripture. Londres, Reino Unido; SPCK, 1988
  • Báez-Camargo, G. Breve Historia del Canon bíblico. México; Ed. Luminar, 1980
  • Wikenhauser, A. y Schimd, J Introducción al Nuevo Testamento. Barcelona, España. Ed. Herder, 1978
  • Di Pardo, José M. Tratado de Historia Eclesiástica. Buenos Aires, Argentina; Alerta, 1977
  • Tertuliano, Quinto Séptimo F Apología Contra los Gentiles. Madrid, España; Ed. Aguilar, 1962
  1. Brown, Dan El Código Da Vinci, Barcelona, Ediciones Urano, 2003; página 291.
  2. Op. Cit. Página 305



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