27/07/2007 Fuente: Reasons To Believe

Descifrando los códigos

Hugh Ross

Los libros que dicen que descifran códigos secretos ocultos en las letras o palabras de la Biblia han vuelto al candelero.1-4 Esta clase de libros no es nueva; han aparecido muchas veces a lo largo de los siglos. Pero la aplicación de tecnología informática de avanzada en busca de esos "mensajes codificados" es algo nuevo. También son nuevas las capacidades de publicidad de los medios. Cuando la popular entrevistadora Oprah Winfrey expresa un interés entusiasta, las revistas Time y Newsweek incluyen críticas a página completa y ejecutivos de Warner Brothers negocian derechos de película, no es de extrañarse que uno de estos títulos suban rápidamente a la cima de la lista de best-sellers de The New York Times.

 

Los cálculos que demuestran la improbabilidad estadística de que dichos mensajes aparezcan por azar parecen impresionantes. Dan a entender que el mensaje debe tener un origen sobrenatural. El argumento se parece a mi propio argumento a favor del diseño divino. Pero, como dicen los periodistas de la política, "hay mentiras, condenadas mentiras, y luego hay estadísticas".

 

En realidad, las estadísticas no son el problema. El problema es el abuso de las estadísticas. Los que publicitan los códigos sostienen que la probabilidad de encontrar un mensaje complejo dentro de una secuencia limitada de palabras o letras es tan baja que el azar no lo puede explicar. He aquí la falacia estadística: dicen que el tamaño de su muestra es pequeño y la cantidad de mensajes significativos posibles, uno. Ninguna de estas afirmaciones es verdadera.

 

Un autor afirma que cada 50ª letra de cierto libro de la Biblia produce un mensaje breve pero plantado deliberadamente. Consideremos la verosimilitud de esa afirmación. Primero, ¿aparece ese mensaje en la 50ª letra de cada idioma en que ese libro ha sido publicado, o sólo en inglés, en griego, o qué?

 

Segundo, cada 50ª letra no representa la única secuencia de salto que podría buscarse. Podría haberse buscado una secuencia de salto cada 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, etc. letra también. La probabilidad de encontrar un mensaje corto en cientos o miles de diferentes secuencias de salto de letras es relativamente alta. Y si consideramos no sólo secuencias de salto de letras sino secuencias de salto de palabras, oraciones y párrafos, la probabilidad se vuelve aún mayor.

 

Tercero, la cantidad de mensajes que los buscadores están dispuestos a considerar como significativos no está limitada a uno. La probabilidad de encontrar uno entre mil o millones de mensajes insertados en una secuencia de salto es mucho más alta que la de encontrar uno entre uno.

 

Cuarto, la Biblia no contiene un libro sino varios. La probabilidad de encontrar un mensaje corto en una secuencia de salto en uno entre 66 libros diferentes es mucho más alta que la de encontrar el mismo mensaje en un solo libro.

 

Quinto, si las letras o palabras en una secuencia de salto son muchas comparadas con la cantidad de letras o palabras en el mensaje insertado, la probabilidad de encontrar un mensaje vuelve a crecer sustancialmente.

 

Puede encontrarse un mensaje en alguna secuencia de salto para cualquier libro que supere unas pocas decenas de miles de palabras. Muchos musulmanes, por ejemplo, insisten en que el Corán debe ser el libro sagrado de Dios porque las palabras en las primeras 19 letras del Corán aparecen en todo el Corán en múltiplos de 19.5 Aquí, nuevamente, nos encontramos ante una falacia estadística. Si un libro del largo del Corán estuviera lleno de letras generadas aleatoriamente, la probabilidad de encontrar algunas "palabras" repetidas en múltiplos de algún entero sería de 100 por ciento. Usted puede probarme en este punto haciendo diversas búsquedas de secuencias o repeticiones de letras o palabras en un diccionario o enciclopedia.

 

Este mismo tipo de falacia estadística ha guiado (más bien, desviado) a los cristianos a lo largo de los años. En las década de 1970 y 1980, la vi en intentos de identificar al Anticristo, o la Bestia, de Apocalipsis. Hubo quienes apuntaron a Henry Kissinger al convertir las letras de su nombre en sus equivalentes griegos y luego asignarles números a cada una. Ronald Reagan fue sospechado por quienes notaron que cada uno de sus nombres tenía seis letras. Este tipo de gimnasia escatológica ha dañado la credibilidad de los cristianos en nuestra cultura.

 

Debo agregar que científicos bien entrenados también cometen falacias estadísticas. Un famoso astrónomo encontró estrellas orientadas alrededor de centros comunes en circunferencias perfectas. Persuadió a sus pares, al menos durante un tiempo, que gigantescas explosiones estaban produciendo nacimientos de estrellas a distancias precisas del centro.

 

La teoría del nacimiento de estrellas estalló rápidamente (y silenciosamente) cuando un estudiante produjo un mapa generado por computadora de dos millones de estrellas dispersadas al azar. Su mapa produjo tantas circunferencias perfectas como había encontrado el astrónomo, o más. ¿Por qué? El tamaño de la muestra de estrellas de nuestra galaxia es tan enorme (200.000 millones), que si intentamos transcribirlos sobre circunferencias, cuadrados, triángulos u otra figura perfectos, podemos hacerlo.

 

Este incidente ayuda a explicar lo que tienen de erróneo un par de libros con los que me encontré muchos años atrás, que intentaban mostrar que los elementos específicos del evangelio se describen en las doce constelaciones asociadas típicamente (e incorrectamente) con la astrología.6,7 Mi conclusión es que una persona sólo podía verlo si conocía el evangelio primero, y aun entonces era requería un esfuerzo de imaginación.

 

Me opongo a la búsqueda de códigos ocultos tanto por razones matemáticas como bíblicas. El libro de Colosenses condena la búsqueda de misterios secretos y mensajes esotéricos. Pablo exhorta a Timoteo a dedicarse a leer, predicar y enseñar de la Biblia.8 Le advierte, a él y a nosotros que "llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que… dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos" 9 Con tanto para aprender y comprender aún de las palabras de la Biblia, ¿quién puede permitirse perder tiempo y esfuerzo mirando más allá de esas palabras?

 

Referencias

  1. Michael Drosnin, The Bible Code (New York: Simon & Schuster, 1997).
  2. James Harrison, The Pattern and the Prophecy (Peterborough, Canada: Isaiah Publications, 1995).
  3. Grant Jeffrey and Yacov Rambsel, The Signature of God (Toronto: Frontier Research Publication, Inc., 1996).
  4. F. W. Grant, The Witness of Arithmetic to Christ (Neptune, NJ: Loizeaux Brothers). Este es un resumen de nivel popular tomado de la serie de siete tomos The Numerical Bible publicado por el mismo editor.
  5. Rashad Khalifa, The Computer Speaks God's Message to the World (Tucson, AZ: Renaissance Productions, 1989). Aparece este mismo argumento en el libro de Maurice Bucaille, The Bible, the Qur'an and Science (Indianapolis, IN: American Trust Publications, 1979).
  6. Joseph R. Seiss, The Gospel in the Stars (Grand Rapids, MI: Kregel Publications, 1972).
  7. Kenneth C. Fleming, God's Voice in the Stars: Zodiac Signs and Bible Truth (Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1981).
  8. 1 Timoteo 4:13.
  9. 2 Timoteo 4:3, 4.

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: Cracking the Codes



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