29/04/2008 Fuente: Reasons To Believe

Martes 29 de abril de 2008

Arrepentimiento intelectual (2)

David H. Rogstad

Continuando de donde dejamos ayer, al releer 1 Corintios 2:1-4 notamos que Pablo escogió no ir a ellos “con gran elocuencia y sabiduría”.


Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu.


Al usar la palabra “elocuencia” parece referirse al método de su entrega, y con la palabra “sabiduría” se refiere a su contenido. Como explica más adelante, al decir “sabiduría” quiere decir sabiduría humana, la sabiduría de este tiempo, no la sabiduría de Dios. Apelar al intelecto de los corintios sería apelar a su orgullo porque, como ya hemos mencionado, formaban parte de una cultura que se enorgullecía de sus inquietudes oratorias y filosóficas. Si Pablo hubiera usado un enfoque de ese tipo, habrían sido atraídos a una posición falsa en el reino de Dios. A fin de que llegaran genuinamente a Cristo debían arrepentirse de su orgullo, y no estimularlo.


Para recibir el don de vida de Dios, necesitaban arrepentirse. Este arrepentimiento no era sólo de sus fallas morales. Debían perder confianza en sus formas independientes y autosuficientes de pensar y llegar a una especie de “arrepentimiento intelectual”. Se nos dice en varias partes de la Biblia que la sabiduría humana nos hace henchirnos de orgullo. Para Pablo, preparar un argumento que apela exclusivamente a la mente podría, de hecho, convencer una mente, pero él quiere hacer mucho más que simplemente convencerlos intelectualmente. Él quiere sus corazones.


Ahora bien, no estoy sugiriendo que Pablo nunca usó argumentos bien preparados en respaldo de la necesidad de creer el evangelio. Lo hizo frecuentemente en sus discusiones con los judíos en las sinagogas. Los argumentos sólidos que apoyan las afirmaciones de verdad cristianas son necesarios y pueden tener un efecto profundo en quienes están preparados para escucharlos y responder a ellos. Como afirmó San Agustín, la razón misma no genera fe, pero apoya la fe en todas partes. En este contexto, sin embargo, con un pueblo que estaba tan enamorado de su propia importancia, Pablo nos dice en el versículo 2 que “se propuso no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado”.


Lo que creo que nos está diciendo aquí es que hay ocasiones en que simplemente debemos declarar la verdad del evangelio en sus términos más fundamentales y dejar el resto a Dios. Involucrarse en un debate sobre la sabiduría humana puede arrojar nada más que confusión y distracción de los temas reales. Pablo ya nos ha dicho en el capítulo 1 que, mientras el intelectual busca argumentos ingeniosos y los religiosos buscan señales milagrosas, Dios, en su sabiduría, ha escogido el método de predicar para salvar a quienes quiere creer (1:21-22). Así que éste es el enfoque que Pablo toma con los corintios.


En los versículos 3 y 4, Pablo repite su descripción, para enfatizar, en forma de dos afirmaciones: en vez de la superioridad de la elocuencia, él viene “con tanta debilidad que temblaba de miedo”, y en vez de palabras persuasivas de sabiduría, él viene “con demostración del poder del Espíritu”. Veo en la primera afirmación de Pablo un pleno reconocimiento de su incapacidad de convencer a los corintios mediante sus propias fuerzas intelectuales. No es tanto que se sienta poco preparado sino que no tiene los recursos dentro de él mismo para realmente impresionarlos; probablemente algo similar a lo que había sentido en Atenas. En su segunda afirmación, veo que quiere no sólo convencer sus mentes sino meterse en sus corazones mismos y darles algo que los convenza en sus conciencias.


Veremos mañana cómo Pablo avanza hacia esa meta.


Traducción: Alejandro Field
Artículo original: Intellectual Repentance, Part 2 (of 6)

 



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