15/04/2008 Fuente: Reasons To Believe

Martes 15 de abril de 2008

Creyentes e incrédulos (2)

Ken Samples

En la parte 1 de esta serie intenté analizar brevemente cómo tanto los creyentes (teístas bíblicos) y los incrédulos (ateos o no teístas escépticos) buscan explicar cómo algunas personas llegan a creer en la existencia de Dios. Dije que los creyentes reflexivos basan sus creencias en Dios tanto en consideraciones racionales como no racionales (no confundir con irracionales). Sin embargo, los incrédulos generalmente intentan explicar la creencia en la existencia de Dios en términos de factores no racionales o irracionales.


En esta segunda entrega analizaré brevemente cómo los creyentes y los incrédulos intentan explicar por qué algunas personas rechazan la creencia en Dios. En la parte 3 de esta serie ofreceré entonces algunas sugerencias sobre cómo estos dos conjuntos de creencias acerca de Dios pueden ser evaluados adecuadamente.


Incrédulos sobre la incredulidad


Los incrédulos reflexivos generalmente basan su incredulidad en el punto de vista de que falta claramente evidencia a favor de la existencia de Dios. Piensan que las realidades encontradas en la vida y en el mundo se explican mejor en términos de sucesos y factores puramente naturales. Muchos incrédulos también dudan de la existencia de Dios, o la descartan completamente, fundamentándose en el problema percibido del mal (el mal es visto como inconsistente con los atributos de omnipotencia y omnibenevolencia del Dios bíblico). Estas mismas personas que rechazan la creencia en Dios generalmente consideran también que las historias milagrosas de la Biblia reflejan mitos, leyendas y supersticiones. En resumen, los incrédulos encuentran una supuesta insuficiencia de evidencia a favor de Dios y creen que el Dios del teísmo bíblico parece incompatible con las experiencias de la vida (a saber, el dolor, el sufrimiento y el mal).


Creyentes sobre la incredulidad


Los creyentes reflexivos suelen afirmar que el rechazo de la creencia en Dios de parte de los incrédulos está arraigado en factores no racionales y aun irracionales. Desde un punto de vista bíblico, la incredulidad fluye del orgullo humano, la autonomía y el deseo de una persona de eludir la responsabilidad moral ante su Creador. En consecuencia, se considera que los incrédulos primero rechazan a Dios por razones no racionales para luego (a menudo sin ser conscientes de ello) buscar factores supuestamente racionales para excusar su incredulidad autónoma. En última instancia, los creyentes explicar la incredulidad en términos de pecado y rebelión humanos. Los incrédulos supuestamente oponen su voluntad a la de Dios basándose en consideraciones morales y espirituales, y luego van en busca de consideraciones racionales para justificar (al menos en su mente) su incredulidad.


El filósofo Ronald H. Nash ha dicho que hay una diferencia entre “argumentos” por un lado y “persuasión” del otro. Es interesante que tanto los creyentes como los incrédulos a menudo se consideran mutuamente como personas que basan sus creencias mayormente en factores no racionales (generalmente el temor o el orgullo).


Para más acerca de la cuestión de la existencia de Dios, ver mis dos libros, A World of Difference: Putting Christian Truth Claims to the Worldview Test (Baker, 2007) y Without a Doubt: Answering the 20 Toughest Faith Questions (Baker, 2004).


Traducción: Alejandro Field
Artículo original: Believers and Unbelievers, Part 2 (of 3)

 



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