26/07/2007 Fuente: Reasons To Believe

El diluvio de Noé: Una visión a vuelo de pájaro

Steve Sarigianis

La Sta. Johnson sonríe y se prepara para dar la clase semanal. Abre la Biblia sobre su falda y comienza a leer la historia del diluvio de Noé. Sus alumnos de primer grado están sentados cruzados de piernas en el piso, inquietos pero escuchando con atención. Cuando llega a Génesis 8:9, algunos niños se inclinan hacia delante para escuchar su voz suave: "Pero no halló la paloma dónde posarse, y volvió a él [a Noé], al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra".

 

"¿Toda la tierra?", exclama Bobby, con sus ojos bien abiertos.

 

"Sí", contesta la maestra, "toda la tierra". Así suele poner fin a la cuestión de si el diluvio del Génesis fue global o regional una maestra, o maestro, de escuela dominical.

 

Pero la pregunta persiste. De hecho, sigue despertando grandes pasiones dentro de la comunidad cristiana. Tanto la infalibilidad bíblica como la credibilidad científica están en juego. Una rápida lectura del texto en inglés (o español) de Génesis 6 a 9 da a los lectores -al menos desde el tiempo de la exploración mundial- la impresión de un suceso global. Sin embargo, la evidencia científica en sentido contrario parece clara y convincente. Esta evidencia incluye la falta de cantidades suficientes de agua y la imposibilidad de que el arca pudiera contener a todas las especies terrestres que vivían en la Tierra. El dilema genera una dolorosa tensión para quienes toman la Biblia y la ciencia en serio.

 

Siguiendo las rigurosas reglas de la exégesis bíblica, para descubrir la intención original del texto, un lector reflexivo encuentra que la interpretación del diluvio global no es ni tan obvia ni tan consistente como podría sugerir una lectura superficial. Ante el compromiso con la veracidad tanto del texto del Génesis como del registro científico, comienza a surgir un escenario plausible. El caso a favor de un diluvio regional puede dividirse en cuatro categorías generales: teológico, textual, antropológico y geológico.

 

Una perspectiva teológica

Si tenemos en cuenta que Génesis 6 a 9 cuenta la historia del juicio de Dios por la depravación y ruina espiritual generalizadas, la integridad escritural depende básicamente de si el Diluvio mató a toda la humanidad salvo la familia del único hombre que temía a Dios. En otras palabras, el punto clave teológico es si el Diluvio fue universal en su efecto, independientemente de su extensión física. El texto hebreo original apoya un impacto universal del diluvio y permite una localización regional cuando se lo ve en contexto.

 

A lo largo del Antiguo Testamento, el juicio de Dios contra el pecado demuestra estar limitado al impacto y extensión de la maldad humana. Suele recaer sobre los pecadores mismos, sus hijos durante varias generaciones, las aves y los mamíferos usados en sus ocupaciones agrícolas, sus posesiones materiales y, en casos extremos, sus tierras de cultivo. Si la vida humana aún no se había extendido más allá de Mesopotamia, Dios no habría tenido ningún motivo para destruir aquellas regiones distantes y la vida animal en ellas.

 

Consideraciones textuales

Génesis 8:9 dice que la paloma enviada por Noé no encontró donde pararse "porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra". Sin embargo, cuatro versículos antes, en Génesis 8:5, el texto dice que las aguas del diluvio habían decrecido al punto que "se descubrieron las cimas de los montes". La interpretación correcta aquí depende de establecer el marco de referencia correcto para la paloma. Asimismo, la frase "debajo de todos los cielos", en Génesis 7:19, debe ser interpretada desde la perspectiva de Noé en Mesopotamia, no desde una perspectiva global moderna.

 

Hay varios ejemplos de otros pasajes de la Biblia que demuestran esta necesidad de una interpretación cuidadosa. En 1 Reyes 10: 24, el lector se entera de que "Toda la tierra [énfasis agregado] procuraba ver la cara de Salomón". ¿Acaso envió cada tribu de las Américas y del Lejano Oriente representantes? Pocos, o nadie, harían esta suposición. La visitante más lejana que menciona el texto bíblico es la reina de Sabá, una región cercana a la actual Etiopía (1 Reyes 10:1-13). Romanos 1:8 dice que la fe de los romanos fue divulgada "por todo el mundo", pero la mayoría de los lectores entienden que Pablo se refiere al mundo de Roma -"en todo el imperio romano"- y no todas las regiones del planeta.

 

Recibimos ayuda adicional para la interpretación del Diluvio del Salmo 104. Los versículos 5 a 9 describen a la recientemente formada Tierra, un período antes de la creación de la vida avanzada, cuando los océanos cubrían el globo por completo. Al surgir los continentes, el agua se juntó en las cuencas oceánicas. Los sucesos descriptos en estos versículos se alinean perfectamente con los hechos geológicos conocidos y la formación de las primeras masas terrestres durante el tercer día de la creación (Génesis 1:9, 10). El salmo luego sigue diciendo que las aguas no volverían a cubrir la tierra ("¡jamás volverán a cubrir la tierra!", NVI).

 

Una perspectiva antropológica

Las peligrosas montañas al norte y al este y los inhóspitos desiertos al sur y al oeste hacían que la llanura mesopotámica, con su abundante riego, fuera un lugar difícil de abandonar para los primeros humanos. Prácticamente todos los libros de texto de historia mundial designan a esta región como "la cuna de la civilización".

 

El mandato más repetido de Dios a la humanidad en Génesis a 1 a 9 es que se multipliquen y llenen la tierra (Génesis 1:26, 28; 9:1; 9:7). La repetida insistencia de Dios indica la rebelión consistente del hombre. Aparentemente la gente resistió la orden de Dios de llenar la tierra tan fuertemente que Dios intervino directamente en Babel (Génesis 11:9) para dispersarla. Como evidencia adicional de que el hombre no se dispersó más allá de la región mesopotámica, todas las personas mencionadas en Génesis 1 a 9 vivían en esta región.[1] Y es una región grande. Hoy más de 20 millones de personas viven en el país de Irak, que cubre la mayor parte de la llanura mesopotámica.[2]

 

Una perspectiva geofísica

La interpretación de un diluvio regional encaja con los hechos científicos relacionados con la cantidad de agua disponible en la corteza y la atmósfera de la Tierra. Génesis 7:11, 12 indica que las aguas del diluvio vinieron de los acuíferos y la atmósfera de la Tierra y terminaron (según Génesis 8:1-5) por volver a aquellos lugares. Los físicos calculan que la Tierra contiene sólo el 22% del agua que se requiere para cubrir todas las montañas del planeta.

 

Algunos intérpretes han postulado cambios geológicos radicales en toda la Tierra durante el diluvio de Génesis, como una forma de reducir la cantidad de agua necesaria. Sin embargo, esta magnitud fenomenal de tectónica de placas y erosión se oponen a toda la evidencia geológica recolectada en los últimos 200 años. Además, el arca jamás habría podido soportar las fuerzas catastróficas generadas.

 

La historia geológica de la Tierra se entiende bien cuando nos basamos en procesos tectónicos observables, técnicas de fechado radiométrico en constante mejora y miles de muestras de la corteza profunda tomadas en todo el globo.[3] Los hallazgos de la investigación geológica no apoyan la interpretación de un diluvio global. Por otra parte, la interpretación de un diluvio regional puede ser probada y verificada.

 

Aun un diluvio localizado de la magnitud exigida por el texto y por consideraciones teológicas depende de la acción directa de Dios. Los procesos atmosféricos y geológicos suficientes como para lograr la convergencia de vastas cantidades de agua en un único lugar, en un momento, hacen que sea difícil explicarlos como acontecimientos aleatorios "fortuitos". Si bien la intervención de Dios es difícil de probar científicamente, ciertos factores pueden ser probados para demostrar la plausibilidad de dicha interpretación.[4]

 

Un factor es la geografía de la región mesopotámica. Más específicamente, la topografía de la región, combinada con las condiciones meteorológicas extremas del diluvio, podría apoyar la contención de las aguas del diluvio durante varios meses. Estas aguas podrían haber sido lo suficientemente profundas como para destruir a toda la humanidad y los animales asociados, excepto los que estaban en el arca.

 

Los topógrafos pueden usar datos digitales de elevaciones para hacer un mapa de relieve sombreado (Figura 1). Si bien es atractivo subjetivamente, este tipo de mapa ofrece una ayuda limitada para el análisis y la medición.

 

Figura 1 - Mapa de relieve sombreado del Oriente Medio[5]*

 

Una forma más eficaz de analizar la topografía es crear matices por niveles de elevación para describir bandas de elevación. Usando una computadora y un programa del sistema de información geográfica (GIS), las combinaciones de bandas/elevaciones pueden ser ajustadas para hacer que la información deseada se destaque visualmente. Los anchos de las bandas también brindan una indicación general de la pendiente. Los matices por niveles de elevación de la región del Oriente Medio se han hecho en el pasado, pero típicamente a partir de datos con puestos de elevación a intervalos de sólo un kilómetro. Si bien la topografía general puede verse con datos de un kilómetro, no puede discernirse los detalles sutiles en el terreno (Figura 2).

 

Figura 2 - Matices por niveles de elevación de Oriente Medio para datos cada 1 kilómetro [6]*

 

Un matizado por niveles de elevación de la región de Mesopotamia a partir de datos cada 100 metros (Figura 3) creado a partir de datos digitales de elevación con un puesto de elevación cada 3 arcosegundos (~100 metros) arroja detalles significativos.[7] La preparación del matices por niveles presentado aquí requirió importar 204 células de datos de un grado al programa ArcView GIS. El paso siguiente fue combinar las células en un enorme conjunto de datos reticulado que cubre 2.284.000 kilómetros cuadrados. Los datos en cada célula fueron luego normalizados en siete bandas de color para facilitar la visión e interpretación. Se agregaron límites políticos modernos y vectores que representan los dos principales ríos de la región para mayor claridad. Debido a la resolución de los datos de elevación, pueden verse detalles topográficos intricados en elevaciones de 200, 300 y 400 metros, correspondientes a la probable extensión del diluvio de Génesis.

 

Figura 3 - Matices por niveles de elevación de Oriente Medio para datos cada 100 metros*

 

Pueden hacerse varias deducciones importantes a partir del matizado por niveles de elevación de mayor resolución (Figura 3):

 

1. La topografía de la región mesopotámica forma una enorme cuenca en forma de U que se extiende 960 kilómetros desde el Golfo Pérsico hacia el noroeste. Hay acantilados escarpados que se levantan rápidamente desde menos de 200 metros hasta 1000 metros, que fijan límites para la llanura mesopotámica hacia el norte y el este. El terreno que se levanta gradualmente pero consistentemente hasta alturas de más de 400 metros forma los límites al sur y oeste. Las elevaciones de más de 400 metros contienen plenamente la llanura mesopotámica excepto donde se encuentra con el mar.

 

2. El relato del diluvio bíblico se refiere a sucesos geofísicos extraordinarios. Acuíferos subterráneos gigantescos ("las fuentes del gran abismo" de Génesis 7:11) de pronto "fueron rotos". Además, dice que se abrieron "las cataratas de los cielos" y el versículo 12 dice que "hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches". En otras palabras, hubo una fuerte lluvia en la región continuamente durante 40 días. Meteorológicamente, estos factores constituyen un suceso de lluvia sin precedentes en una región que promedia 25 a 50 cm de lluvia al año.[8] No existe ninguna explicación natural para una tormenta tan grande, tan intensa o tan persistente en esta región.

 

Una supertormenta sin precedentes de esta magnitud hubiera producido una enorme marea en el Golfo Pérsico. Durante una marea de tormenta, la fuerza de los vientos que circulan alrededor del centro de baja presión de la tormenta empuja el agua hacia la costa. Un huracán grande puede generar mareas de tormenta de 80 kilómetros de ancho y 8 metros de profundidad.[9] La aguas costeras poco profundas como las del Golfo Pérsico sólo amplifican una marea de tormenta (ver Figura 1). Y se observan mayores mareas de tormenta con tormentas que se desplazan lentamente. La supertormenta de Génesis permaneció en condición estacionaria al menos durante cinco semanas; así que el punto más alto de la marea de tormenta tiene que haber sido mayor (en una cantidad incalculable) que cualquiera que haya experimentado la tierra desde entonces. Una marea de tormenta que alcanzó una profundidad de 200 metros ciertamente habría sido suficiente como para sostener los niveles de diluvio destructivos durante el tiempo que registra Génesis.

 

Si suponemos que toda la población de la Tierra vivía en la llanura mesopotámica en ese tiempo, un diluvio que alcanzara una profundidad de 200 a 300 metros habría destruido a toda la humanidad en tierra. La extensión geográfica de un diluvio de este tipo habría incluido regiones que hoy pertenecen a Irak, Irán, Kuwait, Arabia Saudita y Siria (ver Figura 3).

 

3. El relato del lugar donde se apoyó el arca también parece ser geográficamente e históricamente plausible. Génesis 8:4 describe ese lugar como "los montes Ararat" ("las montañas de Ararat", NVI), muy por debajo de la mayor elevación probable del diluvio (~400 metros), en lo que hoy es el norte y centro de Irak. La Figura 4 brinda una visión de los datos de elevación en bruto en el proyecto de matizado por capas antes de su normalización. Las montañas escarpadas y de pendiente abrupta de Ararat están claramente visibles. Como simple comentario, uno podría suponer lógicamente que ninguna sociedad posterior al Diluvio habría dejado la madera precortada del arca sin explotar; la búsqueda del arca casi con seguridad resulta un ejercicio infructífero.[10]

 

Figura 4 Datos de elevación en la región de las montañas de Ararat*

 

Si bien la extensión geográfica exacta del diluvio de Génesis tal vez nunca se sepa, los geólogos pueden decir con alguna seguridad que el suceso descrito en la Biblia tiene sentido como una catástrofe localizada pero universal -con relación a los humanos y a los animales. Esta interpretación del diluvio de Génesis encaja con los datos de la evidencia. Una cosmovisión que integra cuidadosamente y respetuosamente los datos bíblicos con los datos científicos brinda respuestas coherentes y verificables a las grandes preguntas de la vida, incluyendo preguntas acerca de los orígenes, el significado, la moral y el destino.[11] La interpretación de Génesis 6 a 9 como un diluvio regional brinda una de las piedras angulares de la verdad acerca de la historia humana que debería enseñarse en la escuela dominical.

 

Steve Sarigianis es ingeniero de investigación y oficial retirado del Ejército de EE.UU., con una maestría en ciencia en Geografía de Penn State. Tiene amplia experiencia en el campo de la cartografía militar y ha enseñado geografía y astronomía en la Academia Militar de EE.UU. de West Point.

 

Apartado: por Hugh Ross

El texto de Génesis no especifica la profundidad exacta de las aguas del diluvio. Sólo afirma que el arca flotó sobre las aguas y que las colinas cercanas estaban tan inundadas que, desde la perspectiva de Noé, toda la faz de la Tierra estaba cubierta de agua. Es decir, de un horizonte al otro, todo lo que podía ver Noé era agua.

 

Un arca de 150 metros de largo por 25 metros de ancho y 15 metros de alto, cargado de animales y provisiones, probablemente necesitaba un calado de 7 metros como mínimo. Si Noé se paraba sobre el arca, el nivel de sus ojos habría estado aproximadamente 10 metros sobre el agua (con las correcciones por refracción incluidas). El nivel de horizonte del agua para él habría estado a unos 13 kilómetros de distancia. Toda colina más distante que unos 24 kilómetros, aun saliendo varios metros por sobre el agua, habría sido invisible. Las colinas de más de 170 metros de altura y 330 metros por encima del nivel del agua habrían estado fuera de la visión posible de Noé si estaban a más de 45 y 60 kilómetros de distancia respectivamente.

 

¿Hay alguna región en la Mesopotamia donde, si los ríos Tigris y/o Éufrates desbordaran sus orillas en una profundidad de 7 metros aproximadamente, el agua se extendería 45 o 60 kilómetros a cada lado? Sí. Estas regiones existen tanto en el sur como en la parte media de la Mesopotamia. Sería difícil, si bien no imposible, imaginar cómo tan poca agua podría eliminar a todos los humanos y a todas las aves y mamíferos asociados con ellos. Diecisiete metros, treinta metros o varios cientos metros de profundidad de agua brindaría un escenario más realista.

 

La velocidad a la que una marejada de 17 metros, 30 metros o mayor sobre las orillas de los ríos Tigris y Éufrates fluiría fuera del Golfo Pérsico depende de la pendiente de la tierra. Desde 130 kilómetros al noroeste de Ur hasta Ur (la ubicación de la costa persa en el tiempo de Noé), los ríos Éufrates y Tigris caen sólo 100 metros en elevación. Esta caída brinda una pendiente de sólo 0,01 por ciento aproximadamente. Con una pendiente tan leve, las aguas del Diluvio se habrían desplazado muy lentamente hacia el Golfo Pérsico. Además, durante varios meses luego de cesada la lluvia, toda agua que saliera al Golfo hubiera sido reemplazada por el agua que fluye de los manantiales y de la nieve derretida de las montañas distantes que rodean la llanura mesopotámica.

 

Génesis 8:1 dice que Dios quitó las aguas del diluvio enviando un viento. Dada la leve pendiente de la tierra, la evaporación juega un papel más significativo que la gravedad en la remoción del agua. Dicho escenario es consistente con las peores inundaciones que han azotado el valle de Mississippi, por ejemplo. El agua subió 17 metros sobre las orillas en esas inundaciones, y luego pareció quedarse quieta.1 Los residentes de la región notaron poco movimiento discernible. Tuvieron que esperar que las aguas se secaran.

 

¿Qué tan efectiva es la evaporación para quitar las aguas de un diluvio? Durante un típico verano del sur de California las piscinas pierden en promedio 2,5 cm de agua por día a la evaporación. Una menor humedad, un calor mayor y un viento más fuerte pueden triplicar o cuadruplicar esa velocidad. Durante los 335 días durante los cuales retrocedió el Diluvio de Noé, totalizaría entre 30 y 40 metros por evaporación. Si la gravedad había removido alrededor de la mitad de esa agua, la profundidad total de agua removida habría sido de 45 a 60 metros. Esta es, fácilmente, una cantidad de agua suficiente como para justificar que Noé no viera más que agua hasta donde llegara su vista. Es, fácilmente, suficiente agua como para destruir a todos los contemporáneos de Noé y sus animales fuera del arca. Y es, fácilmente, suficiente agua como para llevar al arca a las montañas de Ararat.

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: Noah's Flood: A Bird's-Eye View

 

Referencias del apartado:

  1. Ver "The Mississippi River Flood of 1993," en www.weather.com/encyclopedia/flood/miss93.html, consultado el 14 de marzo de 2002.
  2. W. M. Smart, Textbook on Spherical Astronomy, 5th ed. (London, UK: Cambridge University Press, 1965), 317-20.

 

Referencias:

[1]Hugh Ross, The Genesis Question (Colorado Springs, CO: Navpress, 2001), 148.

[2]The World Factbook 1994 (Washington, DC: Central Intelligence Agency, 1994), 191.

[3]G. Brent Dalrymple, The Age of the Earth (Stanford, CA: Stanford University Press, 1991), 122.

[4]Para información más detallada, ver Ross, The Genesis Question, capítulos17 a 20.

[5]Los mapas mundiales, el color topográfico y el relieve sombreado de Elevaciones GLOBE con batimetría de Smith and Sandwell, disponibles de ftp://ftp.ngdc.noaa.gov/GLOBE_DEM/pictures/GLOBALeb3colshade.jpg; Internet; consultado el 24 de enero de 2002.

[6]TheGlobal Land One-km Base Elevation(GLOBE) Project, disponible de http://www.ngdc.noaa.gov/seg/topo/img/globecol.gif; Internet; consultado el 24 de enero de 2002.

[7]La precisión vertical absoluta de los datos es de +30 metros con un error lineal del 90%.

[8]Sverre Pettersen, Introduction to Meteorology (New York: McGraw-Hill, 1969), 274.

[9]National Oceanographic and Atmospheric Administration, disponible de http://hurricanes.noaa.gov/prepare/surge.htm; Internet; consultado el 24 de enero de 2002.

[10]Ross, 170.

[11]Ravi Zacharias, Can Man Live Without God? (Dallas, TX: Word, 1994), 126.

 

* Nota: No aparecen todos los gráficos por restricciones de copyright.



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