25/01/2008 Fuente: Reasons To Believe

Viernes 25 de enero de 2008

¿Tan fácil que hasta un cavernícola podría hacerlo? (2)

Stan Lennard

Ayer exploramos un aspecto de la naturaleza humana –el lenguaje– que distingue a los humanos de los animales, y propusimos la sinapsis neural como un mecanismo mediante el cual un Creador podría comunicarse con los humanos. En la segunda parte de este artículo consideraremos la interacción de la mente y la materia documentada por estudios clínicos de pacientes con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

 

Jeffrey M. Schwartz encontró que el TOC es tratable mediante un plan que utiliza la atención focalizada para cambiar las rutas de transmisión sináptica neurales desordenadas gracias a su plasticidad.1 No se observó ninguna base física para estos cambios. Se encontró que el responsable era la actividad cognitiva focalizada iniciada voluntariamente por el paciente. Esta actividad trascendía el cerebro material, pero se observó que causaba cambios físicos dentro de sus redes sinápticas. La mente y la materia interactuaban, pero son ontológicamente distintos. Schwartz observó que sus pacientes se beneficiaban cuando su atención consciente alteraba permanentemente patrones de actividad cerebral. Era exactamente lo que debería esperarse si la mente trasciende el cerebro y es capaz de efectos físicos dentro de él.2 Schwartz citó a William James, que dijo mucho tiempo atrás acerca de la voluntad humana que:

 

…el cerebro es un instrumento de posibilidades [estocásticas], no certezas [y]... reforzará, si se lo dota de eficacia causal, las posibilidades favorables...

 

Este concepto contradecía la perspectiva materialista de su tiempo.3

 

Junto con la materia y la energía, la información transmitida por la voluntad humana es una tercera cantidad fundamental, pero no se deriva materialmente. Su transmisión involucra cinco niveles de actividad: estadística, estructura (sintaxis), significado (semántica), propósito y acción. La transmisión estocástica de códigos neurales lingüísticos trata con el nivel de transmisión estadístico. La voluntad, la atención o la intención de un agente inteligente genera información en forma de códigos significativos. El agente también atribuye propósito, sea para mover un brazo o para expresar una palabra hablada, con lo cual da acción a la información transmitida. La configuración sintáctica de la información de acuerdo con códigos se denomina lenguaje. La información es transmitida por medio del lenguaje mediante redes sinápticas físicas con efectos causales.4

 

Es en los centros de habla del cerebro que los humanos se comunican en forma de “enviar y recibir” mediante la transmisión de información codificada como lenguaje. La capacidad intelectiva, tan propia de los seres humanos, interactúa con las redes sinápticas físicas del cerebro, pero las trasciende. Sin esta capacidad noética (intelectiva), la comunicación sería sólo instintiva o reflexiva.

 

El modelo sináptico neural también puede aplicarse a la comunicación interactiva de los humanos con el Espíritu Santo. La teología cristiana afirma que el Espíritu Santo es personal, tiene capacidad noética y se comunica con nosotros mediante el lenguaje, sea a través de palabras, visiones, intuición o sueños. Es una interacción de dos vías posibilitada por el don del lenguaje que refleja el imago Dei.5

 

Dado que cada mente es iluminada por el Logos o la Razón de Dios, el pensamiento está detrás del lenguaje... La capacidad del hombre de pensar y hablar [es] dada por Dios para ciertos propósitos esenciales: para recibir una revelación verbal, para acercarse a Dios en oración... El don del habla y el lenguaje humanos... presupone el imago Dei….6

 

Dios puede… revelar verdad acerca de sí mediante palabras. El pensamiento existe detrás del lenguaje como su condición necesaria. La comunicación es posible porque las criaturas humanas que usan el lenguaje están iluminadas por el Logos divino...7

 

En resumen, Dios creó a los seres humanos para comunicarse personalmente con Él, además de entre ellos, mediante el lenguaje transmitido por sofisticadas redes sinápticas. Adán hablaba directamente con Dios. Y si bien su caída en el pecado destruyó la comunicación espiritual y la vida, éstas fueron restauradas a los seres humanos por la gracia redentora de Dios mediante Jesucristo. Un espíritu humano restaurado y el don del lenguaje hacen que la comunicación interactiva con el Espíritu Santo sea tan fácil que aun nosotros, los “modernos”, podemos hacerlo.

 

Referencias

 

1. Jeffrey M. Schwartz and Sharon Begley, The Mind and the Brain: Neuroplasticity and the Power of Mental Force (New York: Harper Collins Publishers, 2002), 54-95, 255-375.

2. William A. Dembski, “What Thinking Means,” a review of "The Mind and the Brain: Neuroplasticity and the Power of Mental Force," in First Things, May 2003, 58-61.

3. Schwartz and Begley, The Mind and the Brain, 260.

4. Werner Gitt, “Information, Science and Biology,” Technical Journal Archive 10 (1996): 181-87.

5. Ibid.

6. Carl F. H. Henry, God, Revelation and Authority, vol. 3 (Wheaton, IL: Good News Publishing, 1983): 389-90.

7. Ronald H. Nash, The Word of God and the Mind of Man (Phillipsburg, NJ: P & R Publishing, 1982) 120.  

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: So Easy a Caveman Could Do It? Part 2 (of 2)  



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