21/01/2008 Fuente: Reasons To Believe

Lunes 21 de enero de 2008

El crecimiento de la masa continental y la cronología de Génesis 1

Hugh Ross

Gracias a un espectacular nuevo descubrimiento relacionado con la historia geofísica de la tierra, un detalle más de la cronología de la historia de creación de la Tierra del autor bíblico Moisés ha sido verificado científicamente. El gran avance arroja aún más evidencia a favor de la inspiración divina de las palabras y el mensaje de la Biblia. Permítame primero ofrecerle un poco del trasfondo personal de este descubrimiento.  

Firmé mi nombre en la parte de atrás de una Biblia de Los Gedeones tarde en una noche de agosto de 1964, entregando así mi vida a Jesucristo. Este compromiso estaba basado “en gran medida” en la evidencia que había acumulado a favor de la veracidad del contenido y el mensaje de la Biblia. Gran parte de esa evidencia consistía en varias docenas de pasajes bíblicos donde aparecían descubrimientos científicos futuros predichos con precisión miles de años antes.

 

Sin embargo, había dos pasajes en el relato de la creación de Génesis 1 que en ese momento tuve que poner en la categoría de anomalías no resueltas. Génesis 1:2 daba a entender que las islas y los continentes no existían en la Tierra primitiva o que cubrían una fracción insignificante de la superficie del planeta. Génesis 1:9-10 colocaba el período del crecimiento más agresivo de la masa continental dentro del tercer día de creación; es decir, aproximadamente en un punto medio de la actividad creadora de Dios en la Tierra. El problema con estos dos pasajes era que, a principios de la década de 1960, el punto de vista prevaleciente entre los geólogos y los geofísicos era que las masas continentales, si bien habían cambiado de posición y de forma, habían cubierto una gran fracción de la superficie de la Tierra a lo largo de toda la historia del planeta.

 

Este punto de vista, si bien problemático, no afectó mi fe en una Biblia infalible. Era consciente de que se carecía de evidencia física y que sólo se había desarrollado un modelo de tectónica de placas detallado de la historia de la corteza de la Tierra para los últimos 250 millones de años. Así que adopté un enfoque de “esperar y ver” ante la supuesta anomalía.

 

Durante la década de 1980 y especialmente en la de 1990, los geofísicos habían determinado la mayoría de los procesos físicos y químicos que operan mediante la actividad de la tectónica de placas para transformar los basaltos del fondo del océano en los silicatos continentales. Los investigadores demostraron que sin duda prácticamente todos los silicatos en la Tierra surgieron de estos procesos. Esto significaba que la Tierra debía haber comenzado como un mundo acuoso donde el agua cubría la totalidad de su superficie. Además, las velocidades a las cuales estos procesos operan sugerían que fue necesario un par de miles de millones de años para que los continentes crecieran hasta alcanzar sus tamaños actuales.

 

Estos descubrimientos y análisis por parte de los geofísicos demostraron ser consistentes con los avances que estaban teniendo lugar en la paleontología. Estos avances mostraron que la primera vida de la Tierra fue estrictamente marina y que la vida terrestre apareció mucho después en el registro fósil. El resultado neto de estos descubrimientos, análisis y avances fue reivindicar las declaraciones osadas hechas en Génesis 1 acerca de la historia de los océanos y los continentes de la Tierra, lo cual brinda una pieza más de evidencia a favor del poder de la Biblia para predecir precisamente y consistentemente descubrimientos científicos futuros con miles de años de anticipación.

 

Faltaba someter un detalle acerca de la acumulación continental a la prueba científica. Génesis 1:9-10 parece sugerir que fue durante el tercer día de creación que la Tierra experimentó los episodios más dramáticos de crecimiento de la masa continental. Ahora un equipo de geólogos y geofísicos británicos ha demostrado, mediante mediciones de isótopos de osmio, que la corteza continental de la Tierra no creció gradualmente y en forma aproximadamente lineal a lo largo del tiempo sino más bien avanzó mediante una serie de pulsos.1

 

Los geólogos han notado desde hace algún tiempo que gran parte de la corteza continental de la Tierra tiene una de cuatro edades específicas, a saber 1.200, 1.900, 2.700 y 3.300 millones de años atrás, con predominio de las tres primeras fechas. Dado que se sabe que los grandes eventos de derretimiento del manto superior provocan el crecimiento de la formación de la corteza continental, el equipo de investigación británico usó mediciones de las proporciones entre renio-187 y osmio-187 para rastrear y fechar los eventos de derretimiento del manto superior. Descubrieron que estos eventos de derretimiento del manto superior se agrupan alrededor de tres edades específicas: 1.200, 1.900 y 2.700 millones de años atrás. El hecho de que estas fechas coinciden con las edades para la mayor parte de la corteza de la Tierra brinda fuerte evidencia a favor de (1) “los modelos pulsados de crecimiento continental mediante eventos de derretimiento del manto de gran escala”2 y (2) el crecimiento dramático de las masas continentales aproximadamente en un punto medio de la historia de la vida en la Tierra.

 

Al confirmar que el crecimiento más dramático de las masas continentales ocurrió alrededor del punto medio de la historia de la vida en el planeta, el equipo de investigación británico también reivindicó al autor del Génesis, Moisés. Su cronología era correcta al describir un período pasado de crecimiento agresivo de la masa continental y al fechar ese período en el tercer día de creación (entre un total de seis días de creación). Por lo tanto, los descubrimientos hechos por el equipo de investigación de ciencias de la tierra británico ilustran de qué forma cuanto más aprendemos de la ciencia más razones descubrimos para creer en la Biblia como la palabra inspirada y libre de errores de Dios.

 

1. D. G. Pearson, S. W. Parman, and G. M. Nowell, “A Link Between Large Mantle Melting Events and Continent Growth Seen In Osmium Isotopes,” Nature 449 (September 13, 2007): 202-05. Pearson, Parman, and Nowell, 202.  

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: Continental Landmass Growth and the Genesis 1 Chronology   



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