29/07/2007 Fuente: El Centro para la Bioética y la Dignidad Humana

Una crítica de la película 'Colateral: lugar y tiempo equivocado'

Matthew Eppinette

Según el diccionario inglés The American Heritage Dictionary, una de las formas que puede definirse la palabra collateral (colateral) es ‘de una naturaleza secundaria; subordinada’. Es de esta definición que obtenemos la expresión “daño colateral”, y es esta definición que busca evocar el titulo Colateral.

 

Colateral ha recibido un reconocimiento muy merecido por su historia cautivante, sus actuaciones convincentes y su refinada fotografía. Por cierto, la visión provista es atildada –osados colores primarios filtrados por la tinta de la noche de Los Angeles–, pero lo que atrapó mi vista fue la visión de la realidad que sostiene el personaje central de la película.

 

Max (Jamie Foxx) es un maniático del aspecto de su taxi, aun cuando conducirlo sea sólo un paso intermedio y temporal hacia su meta de ser el dueño de una compañía de limusinas. En una noche cualquiera de Los Angeles, Vincent (Tom Cruise) contrata a Max para llevarlo a cinco paradas distintas para “ver amigos y conseguir algunas firmas” a fin de ejecutar un contrato inmobiliario en una noche. En la primera parada de la noche, Max descubre que Vincent literalmente estará ejecutando contratos.

 

En una escena, Vincent ofrece una justificación de sus acciones como asesino a sueldo diciéndole a Max que, en la expansión del universo, los humanos son sólo puntos insignificantes en un planeta diminuto. Nuestras vidas, por lo tanto, no tienen ningún significado o propósito, y quitar otra vida no tiene mayor importancia. De hecho, en última instancia, una mata o lo matan. En este breve diálogo, uno puede ver la realidad de cómo nuestras creencias más fundamentales acerca de la naturaleza de la realidad impulsan nuestras acciones.

 

Esta es una extensión lógica, si bien extrema, de la cosmovisión naturalista darwiniana que impregna gran parte de nuestra cultura. El impacto del naturalismo sobre la bioética es claro. ¿Por qué no destruir embriones a fin de, tal vez, lograr una cura? ¿Por qué no acelerar el proceso de la muerte a fin de cosechar órganos o, más burdamente, salvar una herencia familiar?

 

Max intenta defender su propia perspectiva moral más “tradicional” (es decir, “Un0 no puede simplemente andar por ahí matando gente”), afirmando que a Vincent “le faltan algunas partes que se supone la gente tiene”. Sin embargo, uno se pregunta por qué se supone que la gente tiene que tener estas “partes”, ¿y de dónde se supone que deben venir?

 

En el prólogo al libro de Nancy Pearcey Total Truth, Phillip E. Johnson escribe acerca de cómo los cambios en la cosmovisión explican los grandes cambios en la cultura estadounidense durante el último siglo. Resumiendo, con el tiempo los estadounidenses han ido de una cosmovisión judeocristiana a una cosmovisión naturalista darwiniana, y estos cambios han producido cambios en la acción.

 

El hecho es que los humanos no son puntos insignificantes. Somos la creación especial de Dios; portamos su imagen. Él está consciente de nosotros, está interesado en nosotros, y está obrando en todas las facetas de nuestra vida. Hay un grave peligro en toda perspectiva donde los humanos son vistos como “de naturaleza secundaria; subordinada”. En cambio, debemos respetar la vida de otros seres humanos porque ellos también han sido creados a la imagen de Dios. Esta perspectiva debería ser el fundamento basal de nuestras vidas y de nuestra participación en la bioética.

 

Nota del editor: Colateral tiene una calificación R. The New York Times informa sucintamente: “La película incluye violencia muy intensa con armas, algunos cadáveres falsos en una sala de autopsia y fuerte lenguaje de adultos”.

 


Matthew Eppinette es Director de Investigación y Tecnología en Center for Bioethics and Human Dignity.

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: A Review of the film Collateral



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